La contratación de servicios profesionales de Consultoría es una alternativa tan necesaria como denostada, al mismo tiempo. No obstante, queremos romper una lanza en este sentido, ya que contratar este tipo de servicios supone una propuesta de valor que se compone de las siguientes modalidades:

 

A. Trabajar con una persona profesional que aporte un punto de vista diferente, normalmente sustentado por una serie de experiencias transversales, contrastando opiniones con una persona experta en un campo o materia concreta, con la necesaria discreción.

 

B. Realizar un trabajo o proyecto para el que la empresa no dispone de los recursos o del know-how adecuado.

 

C. Externalizar funciones, tareas y proyectos con un coste menor al que supondría incorporar la función a la estructura organizativa de la empresa.

 

D. Encargar un trabajo o proyecto que, por sus especiales características, resultaría delicado o incómodo realizarlo con los recursos internos de la empresa.

 

No obstante, y como podría pasar en cualquier tipo de elección de una persona profesional, será importante que la elección sea la adecuada, utilizando su propio criterio, más allá de una recomendación concreta de personas amigas o allegadas.

 

Además, será importante elegir profesionales que tengan los niveles de habilidad y empatía para que la relación entre el cliente y la persona consultora aporte valor a la prestación del servicio.